La propuesta de este espacio surge con la intención de informar sobre algunos de los acontecimientos socio-políticos que suceden en nuestro entorno y que tienen que ver con el ambiente futbolero y barrista del contexto LATINOAMERICANO. Este blog se caracteriza por mantener una visión crítica respecto a los aspectos mencionados anteriormente y ve la oportunidad de que, desde las barras latinoamericanas, se gesten ideas que permitan transformar las estructuras sociales que hoy en día generan tanta injusticia y desigualdad social. Su material es de libre difusión.

http://www.hinchasantifascistas.blogspot.com/

Medellín - Colombia



domingo, 22 de diciembre de 2013

Los Del Sur junto al pueblo en navidad

Navidad Verdolaga, 2013! Manrique La Honda, Comuna Nororiental de Medellín Antioquia. Un grupo de 40 hinchas de Atlético Nacional miembros de la barra Los Del Sur entrega regalos y refrigerios y brinda una jornada de recreación y diversión a más de 1.500 niños y sus madres. El sueño es: 10.000 niños en una sola jornada. "Ahí afuera hay toda una sociedad por transformar!



Comandos Azules DC ¡Barrismo Social!


La hinchada Antifascista del Independiente Medellín junto a la comunidad en Navidad






lunes, 16 de diciembre de 2013

A propósito del programa "Barras Bravas" de RCN

Por: La Banda Izquierda 

(https://www.facebook.com/porlabandaizquierda)

RCN saca una crónica en la que pretende exponer la dinámica del barrismo en Colombia. Como lo teníamos pensado, la crónica se dedicó a describir en detalle el fenómeno de la violencia en las barras, como si necesitáramos seguir poniendo el dedo en la llaga. No nos extraña, es lo cierto, la mayoría de imágenes solo corroboraban una realidad que es conocida por el país, con una exageración morbosa, aterrizando el centro del programa a la siempre castrada actitud de quienes dicen preocuparse por la violencia en el fútbol: Criminalización, estigmatización y marginalidad, sobre todo cuando invitan al debate a periodistas con un precario nivel de análisis como Carlos Antonio Vélez e Ivan Pelaez quienes se dedican a decir que son delincuentes y que la única corrección para ellos es la cárcel, no convocan a matarlos por que es la T.V y el marketing no se los permite, aunque no será necesario decirlo con el solo hecho de escuchar hablar a estos tipos. 

Lo cierto es que, RCN en esa mediocre labor de crear miedo en Colombia en una búsqueda de garantizar leyes inocuas a través de la estrategia comunicativa, no es capaz de ver todo el fondo que tienen estas expresiones en un país como el nuestro, en el que la violencia se ha introducido en la naturalidad. Ese es nuestro fondo, el de una búsqueda del todo por el todo y el de ganar a toda costa, poderes imaginarios, lo vemos desde las barras, hasta los ex-presidentes, a estos últimos les hacen programas pero alabándolos.

Finalmente queremos decirle a RCN y a toda esa sarta de analistas graciosos y mediocres, que sin desconocer que el fútbol tiene un problema social, sabemos que aquí hay grandes potenciales de cooperatividad, fraternidad, solidaridad, comunitarismo, organización y trabajo valores ausentes, incluso en las grandes bancadas políticas. Les decimos que si hay una ciudadanía que junta pondría a temblar sus curules de la hegemonía es esta, la misma que hoy subvierte y pone en tensión la relación del estado con las rupturas sociales que se dan en él y que no son capaces de controlar. 

Hay mucha tela por cortar, eso lo tenemos claro, pero nosotros nos ponemos las botas y afrontamos el problema, porque las garantías políticas no solo se le brindan al que por medio de las armas pone en peligro su estatus quo, sino que las garantías políticas se les dan a todos aquellos, que cansados de las crisis, la exclusión y la falta de oportunidades, han creado enemigos en todo sitio, aunque poco a poco saben quienes son, de donde vienen y quién es que verdaderamente nos ha robado. Vamos dando pequeños pasos, pero cuando lleguemos, entonces sabrán que esos barristas delincuentes serán el futuro de este desangrado país.

Hinchadas de Bogotá junto a Petro

Con motivo de la polémica destitución que el procurador general de la nación dictaminó contra el alcalde de Bogotá Gustavo Petro - asunto que en profundidad no es más que una jugada política por cuestiones de ideología para favorecer a la derecha colombiana mas radicalizada -, las barras de fútbol populares Comandos Azules DC, Guardia Albirroja Sur y Los Del Sur hicieron presencia junto a miles de ciudadanos que se manifestaron durante días en solidaridad con el alcalde en la principal plaza de Bogotá. Esto demuestra una vez más la complejidad que caracteriza hoy a las barras organizadas de fútbol en Colombia, pues se rompe con el paradigma cotidiano que homogeniza la expresión futbolera a una mera determinación violenta y criminal. Si bien dentro de este blog nunca se ha legitimado la política de personajes como el alcalde Petro, por sentir que no representa los intereses de nuestra clase social, nos parece que es importante dar a conocer como estas hinchadas populares, con sus conocidos problemas que reflejan la descomposición social, se apropian de un significado que los proyecta como sujetos políticos, críticos y reflexivos del acontecer sociopolítico del país.





martes, 10 de diciembre de 2013

Nelson Mandela 1918 - 2013

A pesar de que este espacio tiene como punto fundamental difundir información en torno a las dinámicas latinoamericanas que implican ver y sentir el contexto futbolero desde una perspectiva crítica, hoy se hará una excepción, pues el legado que nos deja Nelson Mandela como símbolo de la dignidad humana sobrepasa fronteras y sirve como referente para las miles de luchas que claman por reivindicar grupos humanos históricamente subordinados. Hasta siempre Madiba! 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

jueves, 28 de noviembre de 2013

Ese muchacho muerto (Camilo Agudelo 1990 - 2013)

Por: Margarita Isaza Velásques
Periódico De La Urbe No 66 - Facultad de Comunicaciones - Universidad de Antioquia


Tenía 23 años. Era hincha fiel y resignado del Medellín. En los partidos entre amigos jugaba de lateral derecho. Había viajado por Suramérica, a pie, en tren, en bus, de frontera en frontera, hasta llegar a Argentina. De camino a Córdoba se enteró del torneo Copa América Alternativa y le escribió al equipo Colonia Caroya para que lo dejaran jugar. Un día, con un litro de cerveza en la mano, así como puedo verlo en una fotografía, llegó al entrenamiento y se ganó el corazón de los demás futbolistas. Lo vieron como a un niño sonriente, de pelo largo, desaliñado, y dispuesto a compartir. Ese era el motivo de su viaje: conocer a otros, entenderlos, aprender de ellos.

Bruno escribió esa historia en el blog de Hinchas Críticos Libertarios, un colectivo de muchachos que juegan fútbol y pertenecen a movimientos estudiantiles de toda Latinoamérica. Fue lo único que pude encontrar sobre él, sobre su vida, no sobre su muerte. El muchacho se llamaba Juan Camilo Agudelo Posada y era estudiante de octavo semestre de Sociología en la Universidad de Antioquia. No pude saber dónde vivía, cuál era su comida favorita o qué libros le gustaba leer. Pero lo imagino. Puedo suponer que le apasionaban la política y los temas sociales, puedo suponer que era un inconforme y que se enojaba cuando le quitaban la razón. Lo veo caminando por los pasillos del bloque 9, y también reunido en la Asamblea Estudiantil como uno más que interviene y vota. Lo veo inquieto, aquí y allá, tratando de hacer algo para luchar por sus ideales. Pero no sé cuáles eran sus ideales.

Él murió el 30 de octubre, antes del mediodía. Dicen que una papa bomba se le explotó entre las manos en la Universidad Nacional. Dicen que él la fabricaba. Dicen que él era un encapuchado. Todo concuerda. Pero no era, como también dicen, un terrorista, porque el mal de las papas bombas, pese a los accidentes, no va dirigido contra la población civil. Juan Camilo, escribo su nombre y veo —por fin— su rostro, era un resultado de la variable formación política que obtenemos, no en aulas, cafés y debates, sino a fuerza de bombazos, corrupciones y luchas armadas.

Las papas bombas, los encapuchados, son la forma más tradicional de protesta en la Universidad de Antioquia. En los últimos años, de esa herramienta no han quedado más que muchachos muertos o mutilados. Las conquistas han sido pocas. La palabra, que siempre dirime los conflictos, se recupera por momentos pero vuelve a perderse cuando algunos, los bandos en que nos dividimos, recurren de nuevo a los armados, sean de un lado los “capuchos” o, del otro, las fuerzas de seguridad del Estado.

Juan Camilo, a sus 23 años, en una búsqueda personal y colectiva, quedó atrapado en medio del fuego. Era el hijo de alguien, el hermano de alguien, el sobrino favorito de alguien, el novio de alguna muchacha que lo quería. Me duele su muerte y me duele el silencio. Celebro que él haya tenido el valor para creer en una idea y morir por ella; lamento que un arma le haya ganado la vida y nos haya dejado a todos sin discutir lo que pasó. Esa cultura política en la que nos hemos formado nos lleva a la ligereza de comentar que su muerte estaba bien justificada, que ese muchacho era —como tantos otros— un problema irresoluble para la universidad pública, que él era un potencial asesino, un bruto y, sencillamente, no pensaba. Esa ligereza, multiplicada en medios de comunicación y redes sociales, le puso candado al debate irregular de por qué hay gente armada en las instituciones educativas, qué piden o qué quieren y qué significa que se cubran el rostro.  

¿Y ahora qué sigue? Tal vez más jóvenes muertos, tal vez el Esmad como Pedro por su casa, tal vez un paro que se resuelve, una protesta por nuevos motivos, unos directivos universitarios que juegan a la sordera, una comunidad académica cada día más callada y estéril... Lo que le pasó a Juan Camilo puede servir ahora para llamar a la palabra, para que las voces hablen, con o sin capucha, y sean escuchadas, para que volvamos a pensar en cómo discutimos y cuáles son nuestros argumentos, para que las ideas ya no desaparezcan.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Algunas cosas que aprendí del fútbol

Por: Edgar Piedrahita

Pasan los días, se acerca el Mundial y el sistema vuelve a relucir las cosas más horribles del fútbol. Los empresarios, los dirigentes y los futbolistas-estrella se vuelven materia diaria de cubrimiento mediático en esta suerte de “circo del rock and roll” que es el fútbol-negocio. ¿Alguien habla de innovaciones técnicas, de cambios en la táctica y en la forma de jugar? ¿alguien resalta aquella jugada hermosa, aquel sacrificio heroico, este regate espectacular, la atrapada de dicho arquero? Nada, un enorme silencio en torno al juego en sí, y una bullaranga en torno a lo que lo rodea: cuánto podrá ganar este jugador, qué jeque compró qué nuevo club, la nueva camiseta de Adidas o los nuevos guayos de Puma. Llevo más de 20 años de hincha, y gracias al fútbol recibí mi primer bolillazo, aprendí a amar a mi barrio y reafirmé mi conciencia de clase. He recorrido carreteras, aguantado hambre, peleado en la calle y soportado soles caniculares por culpa del amor a mi club y a un juego que es profundamente nuestro: es la calle, de la clase obrera, del pueblo que trabaja, lucha y se levanta.

Por eso me duele profundamente que este juego del que nos enamoramos y que hace ya parte definitiva de nuestras vidas sea cada día más ajeno a nuestras calles y a nuestros barrios. El gran capital, omnívoro y depredador, lo está devorando y lo convierte en algo distinto a esa vieja tradición que los obreros ingleses del Ferrocarril del Magdalena nos legaron hace ya un buen puñado de años.

Por eso, porque para muchos la consigna “Odio eterno al fútbol moderno” no es una frase vacía, es que me atrevo a compartirles estas breves cuestiones que aprendí en torno a un balón y dos arcos, y que son perfectamente aplicables a la lucha revolucionaria y al trabajo diario de quienes peleamos por un nuevo país.

1. Hay que estar en la buena y en la mala. Cuando goleás al rival de patio y hay tiempo para la burla y la humillación, y también cuando ese equipito que nadie conoce te embarra la tarde y te golea sin clemencia.

2. La lluvia, el calor y el hambre son cosas perfectamente pasajeras si de seguir los colores se trata. Quejarse de ellas es propio de los pobres de corazón. Siguiendo este orden de ideas, alentar bajo granizo después de una cola de tres horas bajo un sol canicular, y con el estómago extrañado desayunos y almuerzos, es apenas una muestra de que te podés contar entre los imprescindibles, que sos parte de la sal de la tierra.

3. El árbitro representa la autoridad, el poder y el Estado. Nunca nada con el árbitro, ni un aplausito cuando sin querer falla a favor de tu club. Recuerda que con la autoridad no se coquetea, mi amigo, ella es mala por naturaleza.

4. No hay nada más despreciable que el hincha por resultado. El que sólo está cuando las cosas van bien, o el que vive pendiente de triunfos cuyo espíritu no construye, son miserables oportunistas que merecen rechazo.

5. Los golpes son eso, golpes. Están hechos para que nos repongamos y nos hagamos más fuertes.

6. Para que haya triunfo debe haber trabajo gris. Quien desconfía del trabajo gris y vive sólo pendiente de los momentos de brillantez, es un oportunista. Por eso, aprecia y valora siempre a los que hacen el trabajo gris.

7. Siempre podrá existir una eventual gambeta de más. Por ello evita los excesos de confianza. Al único exceso al que se tiene derecho, es al exceso de amor por los colores y por la causa última.

8. Siempre estilo Maradona, nunca estilo Pelé. Los vendidos y acomodados nunca tendrán lugar bajo el cielo de los justos.

9. Siempre estilo Menotti, nunca estilo Bilardo. El triunfo por el triunfo no es válido. A la meta se ha de llegar con el convencimiento de que se hace lo conveniente por la vía conveniente.

10. A lo anterior hay que sumarle que la vía conveniente implica también la estética conveniente. El juego y la lucha son actos estéticos, solo hay que preguntarle a Garrincha, Bochini, Panenka, Sócrates, Cabañas o Higuita.

11. El momento del error es el momento más doloroso de todos. Pero deja de serlo cuando la tribuna te apoya con lealtad y camaradería. Estos son los valores más importantes que pueden existir.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Nos falta uno aún (Camilo Agudelo 1990 - 2013)

Homenaje a la memoria de Camilo Agudelo hecho por los muchachos de Pelada de Esquerra Futebol Clube, equipo que reúne jugadores que participan en los movimientos estudiantiles, sindicales, sociales y partidos de izquierda de Río de Janeiro y otras localidades.





"Nos falta uno aún"



(En honor a Juan Camilo Agudelo Posada, 1990-2013)

Quien ha jugado un partido en su vida ha oído esa frase, cuando falta un jugador para completar los tiempos en el campo. Hoy esta frase gana un nuevo sentido. 

En ese momento era la primera Copa América Alternativa y Camilo Agudelo nos contacta por correo electrónico diciendo que quería participar en el torneo pero iría solo y estaba sin equipo. Intercambiamos varios e-mails y acordamos que él jugaría en nuestro equipo en Colonia Caroya. Y así se fue, de Antioquia (Colombia) a Córdoba (Argentina), incluso sin dinero. La mitad del continente en numerosos autobuses, trenes y paseos. Llegó en el momento justo.

La imagen más impactante fue pronto, en su primer contacto con el equipo. Un niño con el pelo largo, desaliñado, relajado, tan pronto como llegó al país estaba con una botella de 1 litro de Quilmes en la mano y me preguntó con una sonrisa en su cara: "Eres Bruno?". Juego de lateral izquierdo y apaciguó nuestra aflicción:  ya no faltaba uno, el equipo estaba completo. 

Contó historias, nos divertimos, bebimos, intercambiado impresiones sobre nuestras luchas y nuestros países. Y, al final, nos divertimos con la pelota.

Hoy, hemos tenido la triste noticia de la muerte de Camilo, mientras manipulaba explosivos en la Universidad de Antioquia, posiblemente preparándose para otro de los enfrentamientos entre estudiantes y el aparato policial del estado colombiano en las recientes manifestaciones por una salud pública y de calidad.

Más que nunca, hoy "nos falta uno aún". Sin embargo, si alguien nos pregunta por Camilo Agudelo, el lateral izquierdo, responde en voz alta:

PRESENTE!

martes, 22 de octubre de 2013

jueves, 10 de octubre de 2013

Jugar al fútbol en la guerrilla colombiana

Por: Estewil Quesada Fernández - Asociación Colombiana de Periodistas Deportivos
La celebración más corta en la tierra del histórico gol 15 de Ronaldo, en campeonatos mundiales de fútbol, se registró en un paraje remoto del Caribe colombiano, a 9.245 kilómetros de Alemania, sede de la Copa FIFA 2006.
Cuando el pase de Kaká, desde mitad de campo, dejó a ‘El Fenómeno’ en mano a mano con el arquero Kington y la pelota cruzó el arco del estadio de Dortmund, rompiendo la marca del mayor artillero que el brasileño compartía con el alemán Gerard Muller, el grito de emoción no pasó de ocho segundos en ese lugar.
Media hora antes, allí, debajo de un frondoso árbol, en busca de sombra, 12 guerrilleros rasos en comisión (con acceso a la población civil), previo permiso de su comandante, instalaron un televisor a blanco y negro de 14 pulgadas que un campesino del corregimiento cercano prestó la mañana de ese martes 27 de junio.
Entre todos instalaron el viejo receptor, con cableado amarrado al árbol y un alambre dulce como antena para obtener la mejor señal. Instantes antes del pitazo inicial, emocionados -a excepción de la guardia-, permanecían sentados sobre troncos y baldes con la gran expectativa del partido por octavos de final.
Pero tantos preparativos se truncaron temprano, justo al minuto 6 de las acciones. Al inicio del festejo por el gol, solo con el primer grito, cuando apenas se levantaban y se aprestaban a abrazarse, se escuchó la voz del comandante, que tampoco veía el partido pero estaba cerca de ellos.
-¡Silencio! ¡Apaguen el aparato de inmediato y llévenlo al dueño! -ordenó-. Con ese escándalo cualquiera nos oye y nos ubica.
“Se nos olvidó la prohibición de festejar y nos mandaron al ‘palo’, castigo que consiste en recoger cada uno de nosotros cinco viajes de leña, 5 tanques de agua (de 20 litros cada uno) y 10 bultos de hojas. Luego tuvimos que apoyar la guardia. Nos veíamos las caras y nos sonreíamos”, recuerda ahora, siete años más tarde, ‘Roncador’, como prefiere identificarse este desmovilizado.
Aún hoy no sabe quién fue el autor del gol, pero sí que era el primero de ese partido, cuyo resultado también desconoce (ganó Brasil 3-0). Y olvidó el rival del seleccionado suramericano (Ghana). Por radio escuchó después algunos partidos y se enteró que Italia levantó la Copa Mundo.
“Nos entusiasmamos por el fútbol. El fútbol nos desconectaba de la guerra. Eso era el fútbol para nosotros: verdadera terapia cuando uno estaba metido en el monte”, dice el ahora perteneciente a la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), programa de la Presidencia de la República.
De niño, tras asistir a escuelas y colegios, ‘Roncador’ jugó voleibol y béisbol en su población caribeña, donde nació hace tres décadas y media. Pero desde que conoció el fútbol, actuando como defensor, encontró la actividad que lo apasiona.
Dice que por amenazas de muerte le tocó abandonar su familia, el hogar y su pueblo. Alguien que se enteró de la situación le brindó protección por un tiempo en el monte y allá se quedó convertido en guerrillero.
Su primer contacto con el fútbol lejos de población alguna fue a través de la radio. De noche, los miércoles, seguía el torneo colombiano, con un radio que consiguió y que escuchaba a volumen bajo, metido en el toldo desde las 8:00 p.m. o sentado en una caleta.
Sostiene que la mejor manera de pasar esos días contra su voluntad de no poder regresar a su pueblo fue la de integrarse al grupo de futbolistas del frente guerrillero.
“Cada vez que era posible, se jugaban partidos, especialmente los domingos, en los campamentos o en cualquier lugar. Temprano se recogía agua y leña para quedar libre. Esos eran los mejores días”, dice.
En varias ocasiones le correspondió una tarea que le agradaba, decir estas palabras que aún recuerda, una a una:
- Comandante: estoy aquí solicitando permiso para jugar fútbol.
La respuesta usual del comandante, según ‘Roncador’, era: “busquen el espacio y se juega como siempre: sin escándalos”.
Dice que se buscaba el espacio donde pudieran jugar ocho contra ocho, a veces con árboles gigantes dentro de la improvisada cancha, siempre que arriba estuviera cubierto para no quedar a la vista de los helicópteros. Los fusiles AK 47 y 762 se dejaban cerca, en el suelo, en caso de reacción.
“Se conformaban los equipos equilibrados, a veces con dos mujeres por cada lado, unos con camisetas y otros sin camisetas. Se jugaba con pantaloneta o bóxer y con botas militares. No había tiempo, se fijaba el partido a dos goles y el balón era de microfútbol blanco con pintas negras, que pesaba. Solo una vez se jugó con árbitro, en un torneo relámpago, de un día, cuando se conformaron cuatro equipos de seis jugadores”.
Por esos días, escuchaban por radio la propaganda, que no les gustaba a los superiores, de “… guerrillero, desmovilízate…”, mientras aeronaves lanzaban balones de fútbol a la selva y el monte. Nunca cayó un balón en su campamento.
“El comandante también jugaba en ocasiones. Aunque tenía buen estado físico, en la cancha era uno más de nosotros, solo que se diferenciaba por sus zapatos de juego. Aún hoy recuerdo sus tacos: negros, marca Adidas… Era un fútbol sin técnica, pero era nuestro fútbol, la única diversión”.
Después de cada partido venía el cansón trabajo de dos horas, que realizaban sin molestia: cubrir con hojas la cancha para borrar rastros. “Si había que hacerlo todos los días lo hubiera hecho, con tal de jugar fútbol”.
Un día ‘Roncador’ salió del monte, porque, según sus propias palabras, “no había para soñar”. Y se reincorporó a la vida civil, en otra población diferente a la suya, pero con la tranquilidad para jugar y ver fútbol.
“En el mundial del 2006 le iba a Brasil, porque no estaba Colombia, pero cuando la selección nacional juega, sin excepción, le voy a Colombia, como también sé que todos los que permanecen en el monte”.
En marzo pasado vino hasta Barranquilla, como uno de los desmovilizados invitados por la Federación Colombiana de Fútbol, para el partido amistoso entre Colombia y Camerún. Y feliz lo vio desde la parte alta del estadio metropolitano Roberto Meléndez, al lado de su mujer.
“Me pareció maravilloso ver a mi selección”, afirma el admirador de Falcao García y en el pasado, de Andrés Escobar y ‘Chonto’ Herrera.
‘Roncador’ está en contra de la violencia, incluso en el fútbol y recuerda que hace años en un estadio de la región Caribe le quitaron y quemaron la camiseta que llevaba puesta, la del Nacional, su equipo preferido.
Por falta de boleta, no asistirá este viernes a Barranquilla al partido con Chile y le tocará verlo, como siempre, en su televisor a color de 21 pulgadas en casa.
“Ahora puedo estar tranquilo y ver un partido completo. El fútbol me llena de felicidad. Ahora puedo opinar y gritar, puedo celebrar un gol de mi Colombia sin que nadie me diga que tengo que apagar el televisor”, remata, recordando aquel festejo más corto del mundo de un histórico gol.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Barrismo en los medios; "todos somos expertos"



Por: Fundación JMBN 
Cada vez que hay un muerto en las barras los medios de comunicación se dedican a hablar del tema y llenan sus espacios con las opiniones de supuestos expertos que no dan pie con bola. Acá algunos ejemplos. 

Bogotá, martes 17 de septiembre. Tres personas han muerto a manos de barristas en la víspera de un partido Nacional – Millonarios, y TODOS los medios de comunicación hablan y hablan del tema.
La emisora Blu Radio es la primera en aprovechar la situación: dedica casi todo su programa de la mañana al asunto. Además sus periodistas, armados con investigaciones de prensa de hace casi diez años, hablan como si fueran profundos conocedores del tema, hasta el punto que llevan al aire a las autoridades distritales y consiguen que estas cancelen el partido programado.
Pero Blu no fue el único medio que se volvió experto en barras tras un par de puñaladas, los noticieros del mediodía, encabezados por el Caracol de Vélez junior y su “cubrimiento desde todos los ángulos”, hicieron un despliegue descomunal del tema, lleno de notas de relleno como esta, en la que hacen una peligrosa afirmación que no tiene nada que ver con lo que se ve. http://www.elespectador.com/noticias/bogota/barras-bravas-reconocen-ejercen-control-territorial-sec-video-449306.
Sin medir sus palabras, el noticiero afirma que “las barras reconocen que ejercen control territorial”. ¿Control territorial?, ese es un término que se usa para referirse a un grupo ilegal que maneja la olla de vicio, regula los robos y cobra vacunas en cierto sector. Entonces, ¿cómo es posible que se use para referirse a las barras cuando los entrevistados lo único que dijeron fue que se parchaban en un parque y no querían cierre de fronteras?
En ese mismo link puede encontrarse otra perla. Luis Bedoya, presidente de la Dimayor y quien parece estar tremendamente enguayabado, asegura que los muchachos de las barras “tienen desestabilización mental”. ¿Si el jefe del fútbol profesional - que debería saber del tema y es consultado por los medios a título de “autoridad en la materia”- dice este tipo de cosas, qué podemos esperar del resto de “expertos”?
Pues otro de esos “expertos” fue Ariel Ávila, un respetable investigador que conoce muy bien el conflicto armado colombiano, pero quien en el Canal Capital intentó explicar el problema de las barras desde esa lógica. Al final, Ávila terminó insinuando que las barras están asociadas con bandas criminales, y que gracias a esa asociación manejan el microtráfico en ciertos sectores y con las ganancias pagan sus viajes. Lo que no dijo fue de dónde sacaba esa información, cosa que los periodistas tampoco le preguntaron.
Pero las opiniones de los “expertos” no fueron las únicas llamativas, los mismos barras fueron soberbios, imprecisos y contradictorios cuando tuvieron la oportunidad de hablarle a la opinión pública.http://www.elespectador.com/noticias/nacional/no-existe-violencia-el-futbol-articulo-449371.
Según el entrevistado, cuando su barra canta canciones que hacen alusión a la muerte se trata de folklor, pero cuando lo hace la hinchada rival es una acción reprochable y denunciable, producto del “odio y el irrespeto”. 
Hoy es miércoles 2 de octubre, han pasado 15 días desde que la avalancha mediática se volcó sobre las barras y los “expertos” de la semana pasada hablan de otras cosas. Probablemente solo hasta el próximo muerto volverán ponerse el traje de “barristólogos” que les da la potestad de decir lo que quieran aunque ni siquiera conozcan un estadio.

lunes, 30 de septiembre de 2013

La Guardia Albirroja Sur: "El pueblo es superior a sus dirigentes"

En el partido disputado entre Independiente Santa Fe e Independiente Medellín, la hinchada popular del equipo capitalino desplegó un frente en el que se podía leer la famosa frase del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán "EL PUEBLO ES SUPERIOR A SUS DIRIGENTES".
Cortesía: Fútbol Subverso

martes, 24 de septiembre de 2013

"Si un barrista muere, que sea de viejo y alentando"

Por: Fundación Juan Manuel Bermudez Nieto

El fanatismo futbolero y la movilización social: unas cuantas reflexiones en tiempos de tropel

Por: Colectivo Bolivariano Cristiano Lucarelli

El paro del campesinado del Catatumbo logró ocupar brevemente las páginas del New York Times. La fotografìa que el diario estadounidense publicitó de dicha movilización mostraba a un joven campesinado plantado frente a un terrorífico grupo de policías del ESMAD, resistiendo a los gases lacrimógenos y las granadas de aturdimiento. Lo curioso era la camiseta del manifestante: la de la selección nacional de fútbol con el rostro de un James Rodríguez sonriente que contrastaba con el dramatismo del momento.



Días después, en las paginas del diario La Opinión se ofrecían nuevos rostros de las luchas del Catatumbo. Un cortejo de campesinos alzaba el féretro de uno de sus compañeros asesinado por la policía en plena vía pública bloqueada, apenas a metros de los homicidas. Cualquier curioso podría notar que el color rojo y negro se repetía en el fondo de la imagen. ¿La razón? Varios de los compañeros asistían a este acto simbólico con la camiseta del Cúcuta Deportivo, el club de sus amores.

Y así como la juventud campesina tropeleó en las vías de Norte de Santander con sus casacas futboleras puestas, confrontando la brutalidad policial y la injusticia, en las tribunas populares de todo el país, jóvenes hinchas desplegaron banderas de solidaridad con los campesinos catatumberos: la juventud urbana se hermanaba con la lucha de la juventud campesina.

Dicha cercanía entre fanatismo futbolero y luchas sociales no es nueva en Colombia. En 1952, durante los días más duros del gobierno conservador de Urdaneta, el ejército ingresó al estadio de la Universidad Nacional para reprimir fuertemente a los jugadores e hinchas de Independiente Santa Fe en un acto de abuso de autoridad altamente censurable que pasó silenciosamente por las páginas de la prensa (en momentos de altísima censura). Como respuesta, la indignada hinchada cardenal protagonizó expresiones de rechazo al hecho y las tribunas santafereñas (gaitanistas por tradición) se consolidaron como fortín de conspiración liberal.
Años después, en plena dictadura de Rojas Pinilla, un hincha del América de nueve años, Omar Caicedo, resultó asesinado a balazos en la entrada de la tribuna de sombra del Estadio Pascual Guerrero de Cali. La indignación popular fue tal que se tuvo que remover la vigilancia policial para los partidos de los diablos rojos. Una  placa en la entrada del estadio recordó el lamentable incidente, hasta que un alcalde neoliberal remodeló el viejo edificio y desechó el recuerdo de este primer mártir de la pasión futbolera colombiana.


El 2 de febrero de 1968, en el marco de la Jornada Mundial de Solidaridad con el Pueblo de Vietnam, un grupo de jóvenes comunistas entre los que se contaban Jaime Bateman y Lucho Otero (luego fundadores y líderes del Movimiento 19 de Abril) realizaron una acción intrépida en el partido internacional por Copa Libertadores entre Millonarios y Estudiantes de La Plata: vestidos como hinchas embajadores, ingresaron clandestinamente una bandera solidaria con el pueblo del Tío Ho, y la desplegaron en plena ceremonia de himnos, consiguiendo tanto la visibilidad de la campaña como tener que enfrentar una persecución policial televisada en medio de los propios jugadores. 

Y, para no ir más lejos, recordemos las barras populares solidarizándose con la lucha de los estudiantes contra la reforma a la ley 30 en el combativo año 2011 y con el Paro Cafetero de 2013.

Ahora, con ocasión del Paro Nacional Agrario y Nacional, la respuesta no se hizo esperar. Hinchas de Millonarios, Santa Fe, Deportes Tolima, DIM, Atlético Bucaramanga, Nacional, Deportivo Cali, América y Deportivo Pereira enarbolaron en las tribunas su solidaridad con los miles de luchadores del Paro que conmocionó al país y ahondó la crisis de legitimidad del gobierno Santos. Incluso un grupo de hinchas estudiantes de la Universidad Industrial de Santander llevaron un enorme trapo de solidaridad con el Paro y lo desplegaron por algunos minutos durante el partido Colombia vs Ecuador en el Estadio Metropolitano de Barranquilla. Acertadamente lo coreaban los hinchas de Millos:

“Policía, policía:
asesinos con poder.
¡Suelten a los campesinos
que les han dado de comer!”

Las rutas de la resistencia en Colombia son enrevesadas y complejas, pero tienden a la unidad y la lucha. Que la pasión futbolera ya transite por ellas es una ganancia enorme. Seguiremos trabajando en este sentido para así poder apoyar desde las tribunas populares la construcción de la Nueva Colombia.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Marcha en Santiago de Chile: Por Fútbol Rebelde


Como Colectivo Fútbol Rebelde, este domingo 8 de Septiembre, nos sumamos a la convocatoria de organizaciones sociales "Vamos Pueblo" para marchar en memoria de los luchadores sociales reprimidos por la dictadura burguesa-militar de Pinochet...recordando que a 40 años del golpe, el capitalismo sigue violando todos los derechos humanos y sociales de nuestro pueblo!!

La invitación es a las 9:30 en dieciocho con Alameda


sábado, 31 de agosto de 2013

La Revolución Vinotinto Sur también expresa su solidaridad con los campesinos


Holocausto Norte: "Cuando el pueblo habla el gobierno calla"

Hinchas del Once Caldas de Manizales expresando su apoyo a las manifestaciones populares en Colombia