La propuesta de este espacio surge con la intención de informar sobre algunos de los acontecimientos socio-políticos que suceden en nuestro entorno y que tienen que ver con el ambiente futbolero y barrista del contexto LATINOAMERICANO. Este blog se caracteriza por mantener una visión crítica respecto a los aspectos mencionados anteriormente y ve la oportunidad de que, desde las barras latinoamericanas, se gesten ideas que permitan transformar las estructuras sociales que hoy en día generan tanta injusticia y desigualdad social. Su material es de libre difusión.

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Medellín - Colombia



viernes, 19 de julio de 2013

La ética de lo mediático


Es imposible negar que la posición ideológica de los principales diarios del país - El Tiempo, El Espectador y El Colombiano -, ha perdido gran parte de esa identidad en torno a un espectro político determinado, tal y como sucedía hace por ejemplo, medio siglo. Sin embargo, hoy, con solo leer los editoriales y las columnas de opinión de estos informativos prensados, aún es posible encontrar una breve y minuciosa indicación de su posición respecto a los acontecimientos de la actualidad socio política colombiana, sea desde una crítica pasiva y revisionista o desde una consensuada información con el gobierno de turno. Otro factor importante que hay que tener en cuenta, es el de los llamado periódicos "amarillistas", los cuales sin lugar a dudas, captan la atención de las personas con hechos llamativos - lo cual para nada es malo, contraetico o inmoral, pues es lo que acontece diariamente -, pero sin ninguna intención de informar acerca de los aspectos coyunturales de la difícil y precaria condición de muchos sectores sociales. Otro cuento aparte es el de los informativos deportivos. Ahora bien, desde la libertad de prensa la redacción de los periódicos tienen total autonomía para estructurar su paquete informativo, pero si unos diarios como los que mencioné al principio, que históricamente se han visto interesados por la problemática social y han influido en las mismas por estar manejados por élites de propiedad y de poder, dan mayor importancia a un evento deportivo que a las justas luchas populares deslegitimadas por la fuerza irracional del estado, deja mucho qué pensar. Con lo anterior para nada se pretende valorar directamente a El Espectador, pues desde este espacio se reconoce su actual des-información.

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